domingo, 3 de enero de 2016

Reencarnación

Necesito un freno. Algo que detenga todo. Que el tiempo y las palabras dejen de ser solo un rato.
Mi corazón, que tan lleno de amor estaba, se drenó. Murió.
Se va marchitando como las estrellas y cae, a las profundas aguas del olvido.
Lentamente se hace difícil respirar. Las cargas se hacen más y más pesadas.
Hasta que no queda nada. Solo el reloj y el repiqueteo del segundero.
Y mi cabeza, caverna de los recuerdos, se inunda de confusión.
Todo se mezcla, ahora ya no hay bueno o malo, hay un todo. Y no tiene sentido.
No puedo calmar mis ojos, derraman lagrimas de tristeza sin pensar en que se están ahogando.

Y el circulo vuelve al punto 1.
No dejan de llegarme voces de muy adentro.
¿Alucino?
Puede ser, ya sumida en este caos, no hay razón ni desdicha, ni calma ni fuego.
¿Será la paz antes de la tormenta? ¿Sera la señal para huir?

No me puedo mover. Mi cuerpo esta cansado de los golpes.
No hay moretones pero si una herida abierta.
Sangre, llenando el derredor.
Colmando todo y consumiendo todo.
Mi corazón late audaz, cada vez con mas fuerza, sin darse cuenta que en cualquier momento todo se termina.

Los minutos se hacen eternidades.
Los ojos cegan.
Las palabras no llegan.
El silencio lo es todo.

Y por un instante, ya no existo. Ya no soy. Y ahi, solo ahi, puedo escapar.

Mis alas me llevan, pero no tengo alas. El viento tranquiliza, pero no hay viento.

Ella me dice que sea fuerte, que me levante. Que luche.
Pero jamás me dice como.
Me da armas, pero no se como usarlas.
Miles de batallas me anticipa, pero no se quien gana.

Y cuando menos lo espero, se hace de día nuevamente.

No poseo mas que el bien que me deja ayudar, pero no puedo sanar mis heridas.

Y caigo. Y dejo de ser.
El mar me envuelve en su manto de tonos azules y ahí esperaré el próximo destino.

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