Cuando miré el destinatario de ese mensaje y decía tu nombre me estremecí, me nuble, y hasta me sentí una adolescente otra vez, mirando como esa sonrisa infinita y sin medida llenaba mi rostro. Esos ojos deprimidos por tu ausencia brillaron otra vez. Y por ese instante volví a sentir algo que hace mucho no sentía. Una mínima esperanza.
Una chispa de luz sobre mis oscuros pensamientos, la respuesta parcial de la formula matemática de la vida. Y puedo sonar muy exagerada, pero me dio un poquito más de vida.
Las malditas horas no pasan más, y yo con ganas de matarte a besos...
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